El cenachero



Allá van sus pescadores
con los oscuros bombachos
Columpiando los cenachos
con los brazos cimbradores.
Del pregón a los clamores
hinchan las venas del cuello:
Y en cada pescado bello
se ve una escama distinta,
en cada escama una tinta
y en cada tinta un destello.

Salvador Rueda

Of course i do


He estado muy bien sin ti por mucho tiempo,
por supuesto que lo he estado.
Pero lo gris con sus brazos que todo lo abarcan,
pero ya ni Baker ni Salinas ni tan sólo un solo acorde.
Por supuesto que lo he estado y he reído como nadie.
Pero tus pechos nunca.
Pero mis dedos nunca.
Pero estos peros pobladitos de amargura.

Domingo de resaca o aquellas ínfulas


Cuando me desperté, el dinosaurio ya no estaba allí. Sólo había ropa sucia tirada por el suelo, el despertador sonando en la esquina del cuarto más alejada de la cama, la nariz taponada con algo que parecía sangre reseca, cierta halitosis, unas ganas tremendas de ir al lavabo y la sensación de haber sido, en sueños, un tipo interesante.
En el patio interior de un anodino bloque de viviendas del barrio del Palo, los motores de los aires acondicionados de ese estúpido septiembre, comentaban la jugada con rumor de río guatemalteco, mientras un libro ajado, roto, como de vuelta de mil caminos, con sus hojas jugando contra el cálido viento de la siesta, atardecía en el alféizar de la ventana. Demasiado cerca del vacío.

El último cuento


Apoyé su cabeza en el tronco de un enorme roble que se hallaba al borde del sendero. Su cuerpo, ya roto, se dejaba hacer mientras trataba de acomodarlo. Amanecía. El ruido de la batalla se fue diluyendo con la misma lentitud con la que sus labios se amorataban y su rostro se transformaba en algo inerte. Aún sostenía en las manos la daga con la que dio muerte a quien previamente se la había dado a él. Balbuceaba. Yo, atento a cualquier ruido en los arbustos, decidí que no me restaban las suficientes fuerzas como para sostener la espada y la dejé caer a mis pies. Las manos me temblaban.

Miré a padre. Su pelo cano resplandecía a la luz de una luna que andaba demasiado lejos como para no intuir que no nos sobraba tiempo. Ladraban cerca ya los perros. Un viento frío venido de las nieves cercanas silbaba, por las copas de los árboles, lo que se me antojó un precioso pero triste requiem. Ya no podía cargar más con él. Nuestra huida había llegado a su fin.
La suerte nos había concedido en el pasado una relación de afecto basada en los silencios, en la palabra justa. Cuando murió madre, al verme llorar desconsolado en un rincón, se acercó hasta mí y me endiñó tal hostia que me volvió la cara del revés. No llores a quien yo no me he tomado el privilegio de llorar- me dijo. Sorbime pues (por la cuenta que me traía) los mocos, y hasta hoy. A veces pienso que tremendo mamporro fue lo que me dejó, para el resto de mis días, medio gilipollas y que, por lo tanto, es la causa de que esté yo aquí escribiendo nada más que estupideces que no llevan a ningún sitio y que no interesan a absolutamente nadie. ¡A tomar por culo!

Efluvio pop



Entre ola y ola
tuve la certeza de flotar,
de que no existió naufragio.
Ni el tuyo ni el mío.

Hace siete noches que te busco
dormida seguro bajo las aguas.

La biznaga o ese olor de las tardes de agosto


La biznaga es el nombre de una planta umbelífera de tallos lisos, flores blancas y fruto dorado y lampiño (Amni visnaga).
También, en Málaga se conoce popularmente como biznaga al "ramillete de jazmines en forma de bola" de laboriosa elaboración; que en verano se suelen vender por las calles de dicha ciudad. Además de su belleza y su perfume, se dice que las biznagas sirven para ahuyentar a los mosquitos en las noches de agosto. La biznaga es, junto con El Cenachero y el boquerón, uno de los símbolos populares de la capital de la Costa del Sol. Como ejemplo de ello, la Biznaga de Oro es el principal galardón en el Festival de Cine Español de Málaga.
La etimología castellana dice que esta palabra procede de un término arábigo-hispano con origen, a su vez, del latín pastinaca.
¿Qué es una biznaga? ¿Qué, un biznaguero?

Los verdiales o cuando salí de Mollina

Creación artística campesina de naturaleza socio-musical privativa de determinados puntos geográficos en la provincia de Málaga (Andalucía, España) -comarca de la Axarquía, valle del Guadalhorce y Montes de Málaga- y constituida por un particular estilo de cante y baile ejecutados con el acompañamiento de una rondalla compuesta por un violín, de dos a cuatro guitarras, un pandero, dos o más platillos, castañuelas y, en algunos de sus estilos, un laúd o bandurria. A este conjunto de cantaores, bailadores y tocadores se les llama panda de Verdiales en el argot, y a sus actuaciones fiesta de Verdiales.
Los verdiales poseen un elevado interés musicológico principalmente por tres motivos:
i) Antigüedad: Según flamencólogos como Hipólito Rossy (Teoría del Cante Jondo.- Credsa, Barcelona, 1998) y José Luque Navajas (Málaga en el cante.-El Guadalorce.-Málaga, 1965) los verdiales son, como poco, la más primitiva forma de fandango malagueño y, casi con seguridad, puede que del andaluz en su conjunto. Alfredo Arrebola (Doctor en Filosofía, flamencólogo y cantaor) llega a afirmar que "el fandango más antiguo que registra la historia flamenca es, exactamente, el de Málaga" con sus dos formas "verdiales y fandangos abandolaos, siendo los más viejos los primeros, incluso anteriores al mismo flamenco" (V Congreso de Folclore Andaluz).
ii) Pureza: Es un fandango campesino que, tal y como expresa Luque Navajas, «debido a su copioso acompañamiento, ha evolucionado muy poco dentro del cante flamenco, conservando aún su naturaleza primitiva, de una rudeza y autenticidad impresionantes».
iii) Vitalidad: Al contrario que otras manifestaciones artísticas andaluzas que se desnaturalizaron al desaparecer su contexto cultural y academizarse, los verdiales se han seguido transmitiendo de padres a hijos de manera ininterrumpida hasta la actualidad por lo que se trata de una genuina y rara muestra de folclore vivo.
La procedencia de la palabra que designa a este -en palabras de Luque Navajas- fandango folclórico primigenio parece ser la comarca olivarera malagueña donde se cultiva una variedad de aceituna denominada verdial por conservarse verde aún madura. Además de en Los Verdiales, la fiesta se ha manifestado desde tiempo inmemorial por los partíos -divisiones territoriales de naturaleza jurídica o administrativa que tienen por cabeza un pueblo principal- de Venta Larga, Tres Chaperas, Jotrón y Lomilla, Santa Catalina, Roalabota, Jarazmín, Santon Pitar además de extenderse por el oeste hasta el Barranco del Sol, por el norte a Casabermeja y Colmenar, y por el este a Jaboneros y Olías; siendo estos los enclaves donde se da, precisamente, el estilo de toque verdialero, el de Montes, que puede considerarse musicológicamente como más auténtico de los tres existentes en nuestros días -Montes, Almogía y Comares- por ser el que participa de más rudeza o, como se dice en el argot, el que se toca a puro compás.

Y vivan los verdiales
viva Málaga la bella
Y viva los verdiales
que cuando baila mi niña
y hasta el mismo sol que sale
se va muriendo de envidia

Y atravesando los montes
salí de Málaga un dia
Y atravesando los montes
cuche una voz que decía
chiquillo no me conoces
tanto como me querías

Málaga la cantaora
viva mi tiera señores
Málaga la cantaora
sus mujeres y sus vinos
y el pueblo de Fuengirola
Marbella y Torremolinos

Del vino y del aguardiente
Málaga tiene la fama
del vino y del aguardiente
de las muchachas bonitas
y de los hombres valientes
Y DE LOS HOMBRES VALIENTES

Aserto



Tu punto de vista determina tu realidad.

¡¡Sonríe, coño!!

Taoismo




He dejado un poco de tu cuerpo en blanco
para ti,
como en ese cuadro del restaurante chino.
Para que te inunde y te hable,
para que te grite
mi silencio.

Triste como el amanecer de un saloon

Rita es cabaretera. Su sexo huele a primeros de mes, a salario en el bolsillo. Le gusta que le traiga flores siempre que voy a visitarla. Y a mí me gusta cortejarla. Sé que mis halagos valen de poco pues es, al fin y al cabo, una chica fácil. Pero nos agrada este juego. Nos reconforta ser parte de algo tierno –yo la pretendo y ella hace que me rechaza dulcemente-, aunque sea pura ilusión. Y es que, en este pueblo, es lo único que esos hijos de puta no pueden quitarte. La ilusión. -Ilusión. (Del lat. Ilusio, -onis) f. Concepto, imagen o representación sin verdadera realidad, sugeridos por la imaginación o causados por engaño de los sentidos. D.R.A.E.—. En fin, yo la pretendo y ella hace que me rechaza dulcemente... Entonces le entrego las flores y se pone las manos en la cara, como si se estuviera sonrojando, y me da un beso en la mejilla. Después de estar un rato tonteando, justo en el instante antes de que nuestro particular teatro se convierta en algo esperpéntico, en simplemente dos adultos haciendo el bobo, le arranco las bragas con una violencia desmedida y la cubro con fuerza. Ella entonces me llama mi cowboy. Yo no la llamo de ninguna forma pues en ese momento comprendo que sólo es Rita, la última puta del último tugurio de un pueblo minero perdido en las montañas, un pueblo en el que se han podido contar más asesinatos por la espalda que pepitas de oro en los bolsillos.

Dudas, luego perteneces a la parte aún viva del arbol


Y ahí es cuando dudas, entonces llega el miedo, en el estático fluir de nuestros sueños, podridos como el queso en tu nevera, como el aire de tu cuarto al levantarte. Rancio todo desde aquello.
(Mas ni esta posadera era tan fea ni Dulcinea tan fermosa y noble dama)

El Balneario o las prácticas trashumantes de Vicente

El chico, abrochándose la camisa, fibroso y altivo, salía con prisas de una casa donde había pasado el rato con un par de bellezas que lo saludaban, en paños menores y eternamente agradecidas, desde la ventana.
Metía primera en su descapotable de película de James Bond y escapaba raudo de la vorágine de la ciudad para reencontrarse con sus amigos/as, todos, por cierto, de muy buen ver, en una terraza pegada al mar donde brindaban por lo cool que eran, justo antes de la caída del sol, con la bebida espirituosa que entonces se promocionaba, en un amodo de ritual, quedándose posteriormente en silencio disfrutando, tras sus gafas de sol oscuras, de los cada vez más apagados colores de nuestro astro rey.
Este anuncio lo vió repetidas veces hace ya tiempo Vicente y desde entonces decidió que iba a poner todo su empeño en intentar ser, como fuera, lo más parecido a una de esas seis personas tan fashion que salian en el spot.
Así pues, Vicente, emulando a sus insignes predecesores, hace lo que puede ( lo que le dejan, porque aquello de la pareja de rubias lo intentó alguna vez pero pronto se dio cuenta de que, salvo pagando, esa imagen formaba parte del mundo de la épica, por no decir del mundo de lo onírico) y se acerca en las tardes del fin de semana al Balneario, también conocido como Baños del Carmen, a los pies del Cerrado de Calderón.
En fin, ya se sabe que Vicente va donde está el meollo, y Meollo, en cuantito apreta la caló, aparca su culo en una de las sillas de plástico del Balneario y no se levanta de ahí hasta ya bien entrado septiembre. Vicente hace lo mismo, cómo no.
Y es que el Balneario, a pesar de su malísimo café y su peor servicio, tiene otros atractivos para la gente joven de Málaga y alrededores. Lo primero es que el bar, grande aunque cutre, se situa en un paraje incomparable, desde su terraza se puede contemplar la vista de toda la bahía de Málaga con el fresquito que da estar tomándote algo desde primera linea de playa. El edificio, por otro lado, no deja de tener su interés pues, con su aire decadente, prácticamente en ruinas, pareciera que un modernísimo arquitecto lo hubiera envejecido a propósito anteayer, cuando realmente es el pasotismo del ayuntamiento (que por una vez actua en favor nuestro) el que le imprime ese caracter tan suyo. Si el café allí está realmente malo, no diremos lo mismo del té moruno (también en su versión granizada) y del cous-cous, que tienen ambos un pase. A los aficionados a otras hierbas, decir que a la izquierda del bar se ha habilitado un fumaporródromo (que bien pudiera estar patrocinado por el corte inglés), donde podrás tocar tus timbales o tu flauta sin joder mucho al personal.
Mencionar también las actividades que se están llevando a cabo a traves de la ACBC (Asociación Cultural Baños del Carmen) para la ayuda a la conservación del lugar, como conciertos, concursos de cortometrajes, limpieza de su playa, etc.
En fin, Vicente siempre fue un papanatas pero, a veces, el joío acierta. No es nuesta intención decir si esta vez lo hizo o no. Eso vas a tener que ser tú quien lo haga. Enfúndate tus enormes gafas de sol, siéntete tras ellas de la familia Beckham y acércate a pasear palmito por uno de los lugares más IN de la ciudad. Ouuuu yeahhhh.

Una mala tarde la tiene cualquiera

Es posible que, en aquel momento, no dominara la situación del todo, que se me fuera de las manos. Quizá no hubiese sido necesario que acabara así. Podría haberme dado tiempo para tratar de razonar con él previamente, advertirle de los riesgos.
Eran las tres de la tarde de un martes cualquiera, una hora extraña para matar, una hora estúpida para morir. No había razones. No hubo afrentas ni malos modos, sólo aquel grito de mujer entre nosotros...
Mil veces he tratado de dilucidar qué fue lo que nos hizo girarnos y acercar la mano al revolver al mismo tiempo. Quién gritó y por qué lo haría. Ahora pienso que ambos nos comportamos como un gato aterrado al verse reflejado en el espejo. No sabía su nombre ni quién era, si tenía familia o a qué se dedicaba. Sólo sé que trató de desenfundar antes que yo. Él, por su parte, tampoco era consciente de que quien tenía enfrente era, por aquellos tiempos, el hijo de perra más rápido que han parido estas áridas tierras.
Todos los años, por estas fechas, vengo a visitarlo a la colina y siempre encuentro flores frescas bajo su cruz sin nombre.